
El crecimiento económico en América Latina y el Caribe ha vuelto a niveles estables, con un crecimiento del 2,2% en 2024 y una previsión del 2,1% en 2025, pero los retos estructurales persisten.

La región ha demostrado resiliencia, con una disminución de la inflación que pasó a 3.8% a finales de 2024, luego de un pico de 9.8% en julio de 2022.

Para mitigar los riesgos externos, los países deben reforzar su resistencia financiera manteniendo la disciplina fiscal, acumulando reservas y vigilando la evolución económica mundial.

La inteligencia artificial, el nearshoring y la transición energética abren nuevas fuentes de productividad. Adoptarlas podría aumentar el PIB y reducir la desigualdad.